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26 octubre 2026, 8:22 pm

Conservadores del Barolo: La historia de Miqueas y Tomás Thärigen

El Palacio Barolo, emblemático edificio porteño que evoca la nostalgia de principios del siglo XX, ha encontrado nuevos guardianes en Miqueas y Tomás Thärigen. Este icónico inmueble, inaugurado en 1923, se ha convertido en un punto de atracción turística gracias a la iniciativa de estos hermanos, quienes han elevado el interés por su historia arquitectónica y cultural.

Un viaje en el tiempo en el corazón de Buenos Aires

Al cruzar las puertas del Barolo, los visitantes son transportados a otra época. Este edificio, que combina estilos como el Neogótico y el Art Nouveau, no solo alberga oficinas, sino que también ofrece un recorrido por la historia literaria de La Divina Comedia de Dante Alighieri. Miqueas Thärigen, quien comenzó su relación con el edificio como cadete, concibió la idea de abrir su faro a los turistas en 2004, lo que transformó su vida y la del Barolo.

Una tradición familiar de más de un siglo

La conexión de los Thärigen con el Palacio Barolo se remonta a su bisabuelo, quien fue uno de los primeros inquilinos del edificio. Desde los años 20, la familia ha tenido un vínculo significativo con el lugar, lo que los llevó a sentir la responsabilidad de conservar y promover el patrimonio arquitectónico. Miqueas recuerda cómo, desde joven, se involucró en la promoción de visitas guiadas, utilizando estrategias de difusión de la época.

La experiencia que va más allá de una simple visita

Los hermanos han diseñado un recorrido que permite a los visitantes explorar la arquitectura del Barolo y comprender su significado histórico. Cada piso representa un nivel de La Divina Comedia, creando una experiencia única que invita a los turistas a conectarse con la narrativa del edificio. Desde la planta baja que simboliza el Infierno hasta el faro que representa el Paraíso, el Barolo es un viaje simbólico que va más allá de lo visual.

Un modelo de negocio que beneficia la conservación

Las visitas guiadas han sido clave para financiar el mantenimiento del Barolo, un edificio que enfrenta altos costos de conservación. Gracias a la creciente demanda turística, los Thärigen han podido reducir las expensas del consorcio en un 40%, lo que ha permitido preservar este importante patrimonio arquitectónico.

El rooftop: un sueño cumplido

Recientemente, los hermanos Thärigen han incorporado un bar en el rooftop del Palacio Barolo, un espacio que había sido previsto en los planos originales de su arquitecto, Mario Palanti. Con su apertura en 2019, el Salón 1923 se convirtió en un punto de encuentro que ofrece una vista privilegiada de Buenos Aires, mientras revive la estética de los años 20 a través de su decoración y su ambientación.

Hoy, Miqueas y Tomás Thärigen no solo han logrado mantener vivo el espíritu del Barolo, sino que también continúan honrando la historia familiar que los conecta a este icónico edificio, asegurando que futuras generaciones puedan disfrutar de su belleza y legado.

Fuente: La Nación

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