El Observatorio Swift de la NASA, reconocido por su contribución en la detección de explosiones cósmicas, cayó a la Tierra tras 22 años de operaciones. Este evento se produjo después de que un intento de recuperación por parte de una empresa privada fracasara, dejando a la comunidad científica reflexionando sobre el futuro de los telescopios espaciales.
Confirmado por la Fuerza Espacial de Estados Unidos, el reingreso del telescopio tuvo lugar cerca de Indonesia, luego de un descenso acelerado impulsado por la intensa actividad solar de los últimos años. Durante su caída, la mayor parte del telescopio se desintegró, aunque algunos componentes de tungsteno y partes del espejo lograron sobrevivir al intenso calor del descenso.
Swift fue lanzado el 20 de noviembre de 2004 con el objetivo de estudiar estallidos de rayos gamma y supernovas. Aunque su misión original estaba prevista para dos años, el observatorio superó las expectativas y se mantuvo operativo durante más de dos décadas, registrando más de 2000 estallidos de rayos gamma y 1400 explosiones estelares.
John Nousek, astrónomo de la Universidad Estatal de Pensilvania y director del equipo de control del observatorio, comentó que el final de Swift era predecible, dado que todo objeto en órbita baja eventualmente reingresa a la atmósfera. La actividad solar, que incrementa la densidad de la atmósfera, aceleró este proceso, provocando que Swift perdiera altura más rápidamente.
La NASA había contratado a la empresa Katalyst Space para intentar elevar su órbita mediante un robot llamado Link. Sin embargo, tras problemas técnicos, Link no logró acercarse lo suficiente al telescopio y también terminó reingresando a la atmósfera.
Pese al fracaso del intento de rescate, Swift continuó operando y registrando fenómenos astronómicos hasta que su órbita se tornó demasiado baja, lo que llevó a la NASA a apagar sus sistemas a finales de octubre. Su capacidad para reaccionar rápidamente a eventos astronómicos lo convirtió en un recurso valioso, alertando a otros telescopios como Hubble y James Webb.
La caída del Swift resalta la necesidad de planificar la prolongación de la vida útil de los telescopios espaciales. Actualmente, la NASA está evaluando opciones para el telescopio Hubble, que también enfrenta un descenso en su órbita debido a la actividad solar. Lanzado en 1990, Hubble podría reingresar a la atmósfera hacia mediados de la década de 2030, lo que ha llevado a la agencia a considerar alternativas para mantener su funcionamiento o guiar su descenso de manera controlada.
Fuente: La Nación


