
Los damnificados del temporal en Chile iniciaron el regreso a sus hogares tras más de una semana de lluvias que dejó víctimas fatales, viviendas destruidas y vastas zonas del norte del país incomunicadas.
La provincia de Coquimbo, a unos 460 kilómetros al norte de Santiago, registró las mayores consecuencias del fenómeno. Algunos sectores acumularon precipitaciones históricas, con más de 200 milímetros caídos en Cerro Tololo, según expertos en meteorología. Máximo Pavez, subsecretario del Interior, precisó: “Lo que llueve generalmente en un mes llovió en una hora, lo que lleva a calificar este evento como de precipitaciones anormales y extremas».
El balance asciende a 13 muertos y al menos 4.000 casas destruidas o con daños graves en todo el país, la mayoría concentradas en esa provincia. En su punto más crítico, más de 100.000 personas quedaron incomunicadas y cerca de 150.000 perdieron el suministro eléctrico, de acuerdo con datos del Ministerio de Energía.
Ante la magnitud de la emergencia, el presidente José Antonio Kast decretó estado de catástrofe en Coquimbo y en la jurisdicción de Huasco. La medida habilitó el despliegue de efectivos militares, restringió la libre circulación y agilizó la movilización de asistencia. Las clases fueron suspendidas además en Valparaíso, Copiapó, San José de Maipo y Tiltil, entre otras localidades afectadas.
Unos 30 vehículos pesados trabajan en la limpieza de caminos, mientras helicópteros trasladan alimentos y agua a las zonas de difícil acceso. Aun así, unas 60.000 personas permanecen aisladas en distintos puntos del norte por las interrupciones de rutas.
En el pueblo rural de Barrancas, Jorge Barría, prevencionista de riesgos laborales de 46 años, pasó su cumpleaños extrayendo del barro las pertenencias que un deslizamiento de tierras enterró bajo piedras y sedimentos. Había llegado al lugar hace cinco años buscando alejarse del caos urbano. “Era el sueño como padre de familia poder tener un lugar más espacioso. Espero que esto no me trunque el deseo”, declaró.
La asistencia llega con lentitud a las localidades más golpeadas. Elizabeth Castillo, dirigente vecinal de 68 años del mismo pueblo, describió la situación en una llamada telefónica: “La gente no tiene agua. Estuvimos sin luz más de siete días, entonces la comida en los refrigeradores se pudrió. Y como los caminos no están buenos, es imposible ir a comprar”.
Fuente: Infobae


